Crianza

¿Mi hijo tendrá déficit de atención e hiperactividad?

Rodrigo es una persona inquieta. De niño le costaba prestar atención cuando le hablaban, no podía quedarse sentado en su carpeta, tampoco era capaz de permanecer haciendo las mismas cosas por mucho rato, las profesoras se quejaban de él constantemente. Tenía una agenda llena de anotaciones negativas, un record de comportamiento con un sinfín de deméritos y como resultado obtenía nota jalada en comportamiento. Era común ver a sus padres en la secretaria del colegio por las fila de citaciones que tenían con los profesores para escuchar quejas. 

 

Era común escuchar a su madre comentando lo agotada que estaba, lo difícil que se le había criarlo y mantenerlo tranquilo. Era como un torbellino, gritaba, se peleaba con sus hermanos  y se subía a todos los muebles. Ningún juguete ni actividad captaban su interés durante más de pocos minutos seguidos, se despistaba a menudo y actuaba de forma muy impulsiva. Criar a Rodrigo era realmente agotador, pero sus padres pensaron que era normal para un niño de su edad.

 

Cuando cumplió diez años Rodrigo seguía siendo igual de movido pero alarmó a sus padres cuando  empezó a bajar sus calificaciones y cambiar sus estados de ánimo. A raíz de esto sus padres decidieron trabajar en conjunto con los profesores para poder responder a la pregunta: ¿Qué le estaba pasando a Rodrigo? Empezaron a visitar especialistas, llegaron al pediatra y fue ella quien les recomendó visitar al neurólogo. Una vez que le contaron todos los síntomas e hicieron un par de exámenes que les mando el doctor, diagnosticó que este pequeño tenía un trastorno llamado Déficit de atención e hiperactividad (TDHA).

 

El TDAH es un trastorno del comportamiento bastante frecuente,  ya que se estima que afecta a entre el 8 y el 10% de los niños en edad escolar. Los niños son tres veces más propensos que las niñas a padecerlo, aunque todavía se desconoce la causa. Los niños con TDAH actúan sin pensar, son hiperactivos y tienen problemas de concentración. Pueden entender lo que se espera de ellos pero tienen dificultades para completar las tareas, ya que les cuesta estarse quietos, prestar atención y atender a los detalles. La diferencia entre un niño movido y el TDAH es que en este trastorno los síntomas están presentes durante un periodo de tiempo más largo, afectan a diferentes ambientes o contextos e impiden que el niño se desenvuelva adecuadamente en el medio social, académico y doméstico.

 

La buena noticia es que, prestando atención a las señales que los niños dan, visitando al neurólogo y luego a un psicólogo, simultáneamente con un tratamiento farmacológico adecuado, los niños con TDAH pueden vivir en total normalidad y desarrollarse totalmente bien.  Teniendo en cuenta que lo ideal para estos niños es crearles muchos hábitos de orden y organización, ponerles límites claros y reglas cortas, hacerles rutinas con cada una de sus responsabilidades y relacionarse de manera directa y rápida.

 

 

Soledad Misa Aversa

Psicóloga