Crianza

Miedos

Son momentos desagradables por lo que pasa el pequeño  y momentos agradables para regalar mucho amor, contención y protección por los que pasan los adultos.

Es muy común escuchar que en las familias los niños hagan los siguientes pedidos: “Mamá, no quiero ir al cumpleaños de mi amigo porque va a ir el payaso”, “No quiero meterme al  mar, las olas me dan miedo”, “No me dejes solo en el nido”,  “No quiero dormir con la luz apagada”,  “No quiero ir al doctor, tampoco al dentista” o “No quiero ir por esa pista porque hay un perro”.  Estas son situaciones se originan por lo general, cuando el niño se siente desprotegido y se enfrenta a situaciones o estímulos nuevos.  Es mediante esta manera que el niño puede mostrar sus sentimientos y sentirse en el riesgo de experimentar una amenaza real a su seguridad.

Al ir creciendo, los temores van a ir desapareciendo y en caso continúen se van a ir manifestando primero usando un pretexto y luego, si no encuentra la ayuda para resolverlos, irá usando otros pretextos hasta que pueda sentirse tranquilo. Es en ese momento que tu hijo está preparado para liberarse de su miedo y necesita tu ayuda de manera incondicional. ¿Qué hacer? Manifestarle primero que vas a estar a su lado “No te va a pasar nada" o "Ya veo qué difícil es esto para ti, pero yo te estoy cuidando." Es muy probable que tu hijo quiera alejarse del estímulo y va a protestar o va a pedir con palabras fuertes que lo dejes. En ese momento no te alejes, eres tú la que tiene que estar confiada de que el enfrentar estos sentimientos en la seguridad de sus brazos es la mejor manera de ayudarlo.

Tenemos que saber que los miedos pueden ir eliminándose con el pasar de los años, hay diferentes temores para las etapas de la vida pero es responsabilidad de los padres el lograr que el niño se vaya desprendiendo de estas amenazas y acompañarlo su terror lo más que pueda. Lo ideal es estar entre cariñoso y tranquilo. Hay que dejar que el niño tenga momentos en los que pueda llorar, forcejear, temblar y sudar hasta máximo una hora para deshacerse de una buena cantidad de miedo. No te olvides que son tus brazos y palabras la fuente de mayor tranquilidad y consuelo.

 

Soledad Misa
Psicóloga