Crianza

Cada vez que tengo que salir… Los dos terminamos llorando

Ana: Apenas mi hijo se distrae me tengo que escapar, si no llora y yo me voy nerviosa.

Juana: Espero a que se duerma para irme, si no llora y yo me quedo angustiada.

Macarena: Le digo a la señora que me ayuda que juegue con él para poder irme, si no llora y yo lloro.

Luisa: Le digo que en cinco minutos vuelvo, si no llora, a mí me da pena y me parte el corazón.

Cuantas emociones, cuantas sensaciones y cuantos pensamientos generan los más chiquitos de la casa. Efectivamente, es una sensación familiar la que se produce en el momento que los padres tienen que salir de la casa y los más pequeños se quedan llorando. Los procesos de adaptación en la vida del ser humano tienen muchas crisis emocionales, especialmente en la etapa de la niñez que recién empiezan a sentir las primeras angustias, ansiedades y tristezas pero todavía no tienen la capacidad de afrontarlas.

Entonces, ¿Qué hacer en esos momentos? Primero, entender que ellos no son los que piden que te vayas, por tanto hay que tener paciencia y dedicación para explicarles las razones por las que te vas, así como los horarios en los que sales y entras. Segundo, mientras que juegues con él/ellal, explícale que hay muchas familias y niños que pasan por lo mismo pero que en la noche los papás vuelven y los siguen amando. Tercero, siempre despídete del niño y muéstrale con tu reloj la hora en que llegarás, es muy importante que cumplas con lo que le dices… él/ella te estará esperando. Por último, aprovecha al máximo cada minuto que pasen juntos, siempre recuérdale que te vas a ir pero que volverás porque él/ella es lo más importante y valioso para ti.