Crianza

YO PERMITO QUE MI HIJO ME DIGA: “ESTOY ABURRIDO”

“Me asombro cada vez más cuando escucho que los niños tienen que tienen que llevar agendas de fin de semana para no aburrirse”

Es impresionante escuchar cada vez más madres y padres preocupados por hacerles planes a sus hijos durante toda la semana y pensar que tienen que inventar aun más cosas, para que los niños sean felices y no se aburran. En la actualidad, hay una tendencia de los padres a un exceso de actividades para los niños y una manía de encontrarles que hacer.

Es necesario frenar el día a día y preguntarse, ¿es perjudicial que siempre tengan algo que hacer?, ¿es necesario que tengan todo el día una actividad?, ¿es una obligación tener que entretenerlos en todo momento? y la respuesta absoluta a todas estas pregunta es no, porque los niños necesitan que se les permita aburrir para que puedan desarrollar su capacidad innata de ser creativos, definiendo al aburrimiento como un estado creativo para el ser humano.

Entonces, ¿Qué pasa cuando los niños no se aburren?, lo primero, es saber que si no se aburren, ellos pierden interés por crear cosas, momentos, juegos y objetos, teniendo un sabor de igualdad cada cosa que viven o juegan. Así mismo, el no tener nada que hacer obliga a los niños a interactuar con otras personas y verse en la necesidad de compartir juegos o actividades que los otros están haciendo, por ende ayuda en el impulso de las habilidades sociales.

En cuanto al mundo emocional, comportamiento y aprendizaje es necesario el aburrimiento para que los niños puedan sentir una sensación incomoda y a partir de eso puedan buscar felicidad mediante la creación de historias, haciendo dibujos, escribiendo en un diario, leyendo un cuento, viendo la naturaleza o escuchar música, y de esta manera sean capaces de crear un mundo interno enriquecido por sus propios recursos. Por eso, lo que tenemos que evitar es que los niños enciendan el televisor, la computadora, el teléfono o algún tipo de pantalla.

En conclusión, los niños necesitan tener tiempo para no hacer nada, tiempo para imaginar y perseguir sus propios procesos de pensamiento o asimilar sus experiencias a través del juego, simplemente observar el mundo que les rodea. Por el bien de nuestros niños hay que desconectarse de cualquier pantalla, sacar actividades de la agenda, andar más tranquilos y apreciar un buen paisaje, sintiendo el viento que cae en la cara cuando vamos al parque.